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Nuestro reflejo en el espejo

Una serie puede ser muy buena a pesar de no ser especialmente original. En ocasiones su calidad se debe a que está muy bien hecha y a que cuenta con unos actores con muchas tablas, aunque la trama pueda ser ya conocida. Es el caso de Wallander, la adaptación de algunas de las novelas de Henning Mankell protagonizada por Kenneth Branagh, en la que se siguen muy fielmente los libros.

Eso sí, son pocas las series que realmente te sorprenden y te dejan con la impresión de no haber visto antes algo parecido. Sin duda es lo que sucede con Black Mirror.

Desde el punto de vista formal, esta producción adopta un formato típicamente inglés: una miniserie de solo tres capítulos por temporada. Teniendo en cuenta que los parámetros ortodoxos los marca la industria estadounidense y que, hasta donde yo sé, este formato no se ha utilizado en Hollywood, esto ya sería un rasgo diferenciador, si bien es cierto que también lo encontramos en Sherlock, Wallander o Luther, entre otras series británicas.

Otro rasgo característico es que cada capítulo cuenta una historia independiente y está protagonizado por distintos actores. Aunque esto podría convertirse en una desventaja, los diferentes personajes están conectados por un hilo invisible que no permite dudar en ningún momento de que estamos viendo un capítulo de esta serie. Ya estén ambientadas en el presente o sean claramente futuristas, la relación que los protagonistas mantienen con la tecnología es el eje central de unas historias que nos dejan con una sensación ambivalente: por un lado, ese enorme disfrute cuando uno acaba de ver algo que le ha encantado y que desearía que no hubiese terminado tan rápido; y por otro, una inquietud y un escepticismo creciente que te llevan a observar con incredulidad las pantallas apagadas del televisor, el ordenador, la tablet o el smartphone (esos “espejos negros” a los que se refiere el título). ¿Llegaremos realmente a los extremos que se describen en Black Mirror?

Lo más inquietante es que, al ver los capítulos de las dos temporadas rodadas hasta el momento, nos quedamos con la sensación de que lo que cuentan todavía no ha ocurrido, pero podría suceder mañana. Las nuevas tecnologías han abierto nuevas puertas y han permitido nuevas formas de comunicación y de activismo (algo sin duda positivo), pero también han acentuado una tendencia que reduce el valor de los individuos a su función de consumidores y espectadores.

Hace un par de años ya, Charlie Brooker, su creador, escribió un magnífico artículo en The Guardian (en inglés) en el que explicaba qué le llevó a escribir estos guiones y en qué se inspiró. En él, Brooker se preguntaba: “Si la tecnología es una droga (y desde luego parece una droga), ¿entonces cuáles son sus efectos secundarios?”. Es una pregunta muy válida que genera nuevas preguntas en lugar de respuestas.

Una advertencia: si ves Black Mirror puede que descubras que estás más enganchado de lo que creías.

Por Serendipity

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MIRRORING OURSELVES

A TV show can be very good, even if it is not extraordinarily unique. Sometimes, despite having a popular plot, its quality owes to its excellent manufacturing and to its experienced cast. This is the case in Wallander, based on the novels by Henik Mankell and starred by Kenneth Branagh, which accurately follows the books.

Now, very few TV shows can really surprise us and leave behind the sense of having seen something completely new. No doubt, this happens withBlack Mirror.

From a formal perspective, this production takes a typically British format: a mini-series consisting in only three episodes each season. Considering the accepted standards are set by the American industry and, as far as I know, that format has not been used in Hollywood, this would be a distinguishing feature, even though it is true that we can also find it in Sherlock, Wallander or Luther, among other British shows.

Another peculiar feature is that each episode tells a separate story and is played by different actors and actresses. Even if this could turn into a drawback, different characters are linked by an invisible thread that makes crystal clear we are watching an episode of this TV show. Regardless if the plot is set nowadays or clearly in the future, the relationship between people and technology is the backbone of several stories that leave us with mixed feelings: on one side, this huge joy we feel when having watched something we loved and that we wished it wasn’t over so quickly; and, on the other, the unease and increased skepticism that lead us to distrustfully look at the turned-off screen of the TV, computer, tablet or smartphone (those “black mirrors” that the title refers to). Will we really reach the extreme situations described in Black Mirror?

The most troubling thing is that while watching the episodes from the two seasons so far, we have the feeling that what they are telling us has not happened yet, but it could happen anytime.  New technologies have opened new doors and have allowed for new ways of communication and activism (something undoubtedly positive), but they have also highlighted the trend that reduces people’s value to its role as consumers and watchers.

A couple of years ago now, Charlie Brooker, its creator, wrote a remarkable article The Guardian where he explained what moved him to write these scripts and where his inspiration came from. In the article, Brooker wondered: “If technology is a drug (and of course it seems to be a drug) then, which are its side-effects?.” It’s an appropriate question that leads to new questions instead to answers.

Warning: if you watch Black Mirror, you might realize you are more addicted than you think.

By Serendipity

 

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Es más de lo que imaginabas

The Wire, En terapia, Roma, A dos metros bajo tierra, Los Soprano, Boardwalk Empire, Sexo en Nueva York, Juego de tronos, Hermanos de sangre, True Blood…

Quienes vean esta lista de series quizás no detecten una conexión inicial, pero viendo los DVD que tengo en casa me he dado cuenta de que todas ellas comparten un elemento fundamental: están producidas por la HBO. Puede ser que te hayas quedado igual que estabas y, como es lógico, no pasa nada… de hecho puede que sea bueno, porque eso indica que no estás demasiado enganchado/-a a las series. Para los que ya hemos caído en este vicio hace tiempo y buscamos nuevas historias que nos sorprendan y nos enganchen, las tres letras de la HBO son una promesa de calidad permanente.

A la HBO debemos agradecerle, para empezar, haber hecho realidad las cinco temporadas de The Wire. Las cifras de audiencia iniciales habrían bastado a cualquier otra productora para detener el rodaje y dejarnos sin la que, en mi opinión, es la mejor serie de televisión creada hasta la fecha. Sin embargo, el tiempo le ha dado la razón a David Simon (creador de la serie) cuando decía aquello de “¡qué le den al lector medio!”; no tiene nada de malo dirigirse a un público concreto y negarse a tratarnos como si fuéramos una masa uniforme de pensamiento único. En un post anterior ya comenté mi total devoción por la trama ambientada en Baltimore y la lectura del libro The Wire. 10 dosis de la mejor serie de televisión (Errata Naturae, Madrid, 2010) no ha hecho más que confirmar esa opinión y que me entren unas ganas irreprimibles de volver a verme todos los capítulos.

La frase de Simon bien podría servir de eslogan a la HBO, pero han decidido ser más sutiles y elegir “It’s More Than You Imagined” (Es más de lo que imaginabas). Efectivamente, con la HBO hay que huir de los estereotipos e ir más allá: The Wire es mucho más que una serie policiaca, es un retrato real y realista de una ciudad estadounidense concreta, que podría ser cualquier otra ciudad globalizada; En terapia no es solo la historia de un psiquiatra, es un descenso al pozo de nuestros miedos y esperanzas; A dos metros bajo tierra es más que las aventuras de una familia peculiar, es una original reflexión sobre la vida y la muerte, aunque sobre todo sobre la vida; Roma y Hermanos de sangre son más que el relato de unas hazañas bélicas, son un recordatorio de dónde venimos y de por qué deberíamos aprender de la historia para no repetir los mismos errores; Los Soprano no es solo un retrato de los gánsteres de ascendencia italiana, sino una revisión del concepto de “los malos”; Sexo en Nueva York es más que las excentricidades de unas pijas neoyorquinas, fue la primera en abordar abiertamente el tabú de la sexualidad femenina…

Por si alguien tiene dudas, este post no está patrocinado por la HBO, pero creo que es de recibo reconocer un trabajo bien hecho y que, a mí personalmente, me ha aportado numerosas horas de satisfacción y entretenimiento. Sí, entretenimiento, porque el objetivo primordial de las series es entretener, pero en ningún sitio está escrito que cuando nos entretenemos debamos dejar de pensar o que tengamos que consumir productos televisivos sin el más mínimo movimiento neuronal, solo riéndonos cuando nos lo indican las risas enlatadas.

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IT´S MORE THAN YOU IMAGINED

The Wire, In Treatment, Rome, Six Feet Under, The Sopranos, Boardwalk Empire, Sex and the City, Game of Thrones, Band of Brothers, True Blood

After reading this list you might not know how they relate, but looking at the DVDs I have at home I realize that all of them share an essential element: they were produced by HBO. This might be meaningless to you and, of course, it’s alright… in fact, it might be something good, because that’s a sign you aren’t too addicted to TV shows. We, the ones who fell in this addiction long time ago and keep searching new surprising stories to get hooked on, the three letters in HBO are a guarantee of constant quality.

To begin with, we should thank HBO for making the five seasons of The Wire real. Given the initial share of audience, any other producer would have stopped the shooting and would have left us without, in my opinion, the best TV show to date. Nevertheless, time proved David Simon (writer of the TV show) was right when he said: “fuck the average reader[viewer]!”; nothing is wrong with targeting a particular audience and refusing to treat us as if we were a uniform mass with monolithic thinking. In a previous post, I already mentioned that I’m absolutely devoted to this plot set in Baltimore and reading the book The Wire. 10 dosis de la mejor serie de televisión (Errata Naturae, Madrid, 2010) has reinforced my opinion and I helplessly felt like watching every single episode again. [This book, in Spanish, is a compilation of interviews and articles about The Wire.]

Simon’s statement could be used by HBO as a claim, but they have decided to be more subtle and chose “It’s More Than You Imagined”. That’s right, with HBO we have to move beyond and leave stereotypes aside: The Wire is more than a detective show, it is a real and realistic portray of a particular American city that could be any other globalized city: In Treatment is not just the story of a psychiatrist, it is a way of facing our deepest fears and hopes; Six Feet Under is more than the adventures of an unusual family, it is a unique reflection about life and death, although mainly about life; Rome and Band of Brothers are more than a tale about military feats, they are a remainder of where we come from and why we should learn history not to make the same mistakes; The Sopranos is not just a portray of Italian-origin gangsters, it reviews the concept of “bad guys”; Sex and the City is more than the eccentricities of preppy girls in New York, it was the first to openly address the taboo of female sexuality…

Just in case anyone is wondering, this post is not sponsored by HBO, but I believe it is fair to appreciate a well done job that has particularly provided me with many hours of joy and amusement. Yes, I said amusement, because the basic goal of TV shows is to keep us amused, but it has never been said that when we are amused we should stop thinking or that we should use TV products with no neuronal activity at all, laughing only when canned laughter tells us we have to.

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Elemental, querida Marujita

Así es, vamos a hablar de detectives, más concretamente de detectives de novela que han llegado después a la (gran o pequeña) pantalla, aunque, en mi caso, a todos los conocí primero en papel. Para los apasionados por el género negro estos personajes no necesitarán presentación; para los que quieran iniciarse, esta es una lista de imprescindibles.

Como no podía ser de otra forma, hay que empezar por el archiconocido Sherlock Holmes. De las novelas de Conan Doyle se han hecho innumerables adaptaciones, pero a mí me ha gustado mucho la última. La BBC, en su miniserie Sherlock, ha logrado trasladar al detective y a su inseparable compañero al siglo XXI sin que se pierda nada de la esencia de estos dos personajes. Sé que hay muchos puristas que discrepan, pero, en mi opinión, la nueva adaptación solo demuestra la universalidad y la intemporalidad de las historias del detective londinense. Especialmente acertada me parece la elección de los protagonistas, a excepción del actor elegido para representar a Moriarty, que resulta excesivamente histriónico. Asimismo, han sabido aportarle un toque de humor (británico, of course) que enriquece la historia (es especialmente cierto en el primer capítulo de la segunda temporada).

A la BBC también le debemos otra serie imprescindible. Wallander es la adaptación de las novelas protagonizadas por el comisario homónimo creado por el brillante escritor sueco Henning Mankell.  El famoso actor Kenneth Branagh encarna a este investigador tenaz, que no descansa hasta resolver el caso que tiene entre manos, aun a costa de su salud y sus relaciones personales (algo habitual en este género literario: ¡son muy pocos los protagonistas felizmente casados!). Existe también una serie sueca anterior, pero yo me quedo con ésta.

Si nos trasladamos al sur de Europa, sin duda una de las series de novela negra más larga (se acerca ya a la treintena de libros, entre novelas y relatos) e interesante es la del comisario Montalbano, creada por Andrea Camilleri. Sus historias están ambientadas en Sicilia y cuentan historias muy cotidianas, que no por el hecho de serlo pierden interés. El comisario debe su nombre al escritor español Vázquez Montalbán y comparte con Pepe Carvalho su pasión por la gastronomía. Sé que la RAI rodó una serie inspirada en este personaje, pero no puedo opinar sobre ella porque no la he visto.

Otro policía mediterráneo que no os podéis perder, aunque todavía no hay ninguna adaptación cinematográfica ni televisiva (hasta donde yo sé), es Kostas Jaritos, el comisario griego creado por Petros Márkaris. Sus novelas son apasionantes y realizan un retrato lúcido de la sociedad griega, con la que los españoles nos podemos sentir identificados en muchos aspectos. El toque excéntrico de este detective es que, para relajarse, lee entradas del diccionario de Dimitrakos.

Por lo que respecta a España, uno de mis personajes favoritos es el guardia civil Rubén Bevilacqua, creado por Lorenzo Silva. Junto a su inseparable Chamorro —y mientras pinta soldaditos de plomo (siempre de ejércitos perdedores) en los escasos ratos libres que le quedan— añaden una perspectiva nueva al panorama de la novela negra en castellano (que a mí me conste, no hay ninguna otra protagonizada por guardias civiles). Hasta la fecha se han publicado ya siete libros (seis novelas y un volumen con cuatro relatos), el último se acaba de publicar, después de ganar el prestigioso premio Planeta. El único de ellos que ha sido llevado a la gran pantalla es El alquimista impaciente.

ELEMENTARY, MY DEAR MARUJITA

That’s right, we are going to talk about detectives. Particularly about detectives from books that have reached the (big or small) screen, even though I met them all on paper. To those big enthusiasts of noir fiction, these characters won’t need to be introduced to you; to those who want to get into this genre, here you have a list of must-read.

Naturally, we have to begin with the very well-known Sherlock Holmes. Countless versions of Conan Doyle novels have been made, but last one really pleased me. The BBC, in the TV series Sherlock, was able to transfer the detective and his inseparable partner to the 21st century without leaving behind any essence of these two characters. I’m aware that there are many purists who disagree, but, in my opinion, this new version shows the universal and timeless nature of the London detective stories. I find the casting specially pertinent, except for the actor chosen to play Moriarty who turns out to be too histrionic. They were also able to add a touch of humor (British humour, of course) that enriches the story (this is especially true in the first chapter of season two).

The BBC is also responsible for another essential TV show. Wallander is the TV version of the novels by the brilliant Swedish writer Henning Mankell where the main character is the inspector with the same name. The famous actor Kenneth Branagh plays this tough detective who doesn’t stop until he solves the case he’s dealing with, even if that compromises his health or his relationships (a common place in this literary genre: very few characters are happily married!). There is also a previous TV show, but I like this one better.

If we travel to Southern Europe, no doubt one of the longest (close to thirty books, including novels and short stories) and most interesting series of black novels is the one with inspector  Montalbano, written by Andrea Camilleri. The plot is set in Sicily and they tell stories about daily life, not that this makes them less interesting at all. Inspector’s name comes from the Spanish writer Vázquez Montalbán and shares with Pepe Carvalho his passion for gastronomy. I know the RAI shot a TV show based on this character, but I have not seen it so I cannot give you my opinion.

Another Mediterranean policeman that you shouldn’t miss, even if there are not any versions for TV o cinema (as far as I know), is Kostas Jaritos, the Greek inspector written by Petros Márkaris. His novels are fascinating and they vividly portray Greek society, to whom we, Spanish, can relate in many ways. This detective’s eccentricity is that he reads Dimitrakos dictionary entries to relax.

As far as Spain goes, one of my favorite characters is the civil guard Rubén Bevilacqua, created by Lorenzo Silva. Together with his inseparable Chamorro — and while painting tin soldiers (always from losing armies) in the very little free time he has — he adds a new perspective to the black novel approach in Spanish (to my knowledge, there is no other where the main character is a member of the Spanish Civil Guard). Seven books (six novels and a book with four tales); the last one has just been published after having been awarded the prestigious Spanish award Planeta. A movie has been based on one of them: El alquimista impaciente.

 

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¡Bazinga!

¡Pongámonos serios! Vamos a hablar de comedia.

Quizás sea yo, pero así como no me cuesta lo más mínimo enumerar series dramáticas que me hayan encantado, me resulta mucho más complicado encontrar comedias que realmente me hayan enganchado. Que no se me malinterprete; puedo pasar un buen rato viendo algún capítulo de cualquiera de las innumerables imitaciones que ha tenido Friends a lo largo de los años, pero ya está. La mayoría de ellas siguen esquemas muy similares y no es la primera vez que me sucede que adivino el chiste que van a hacer, perdiendo el fundamental elemento sorpresa (probablemente lo peor que le puede suceder a una comedia).

Cuando pienso en mis comedias favoritas, me doy cuenta de que tienen algo en común: unos personajes secundarios muy potentes que, por su carácter original (otros dirán excéntrico) y por contar con unos actores con muchas tablas, logran robar el protagonismo a los demás y convertirse en un elemento imprescindible de la historia. El primero que me viene a la cabeza es Sheldon Cooper (interpretado por Jim Parsons). Big Bang comenzó como una serie de bajo presupuesto cuyo éxito sorprendió incluso a sus creadores. En la actualidad va por su quinta acaba de empezar su sexta temporada y hay que reconocer que los guionistas han sabido introducir cambios y añadir personajes para mantener el interés. Eso sí, sin Sheldon la serie se hundiría. Este genio de la física teórica resulta ser el más torpe cuando hablamos de situaciones cotidianas: su incapacidad para percibir el sarcasmo, la carencia más absoluta de empatía, su necesidad permanente de orden y rutina, etc. dan pie a situaciones desternillantes. No es extraño que en varias ocasiones se haya mencionado la probabilidad de que esté loco (a lo que él responde siempre: “no lo estoy, mi madre ya me hizo las pruebas pertinentes de pequeño”) o de que sea un ser venido de otro planeta (en un capítulo y hablando del mítico robot C3PO de la saga La guerra de las galaxias que tanto le gusta a Leftwing&Rightwing, sus amigos describen al androide como un Sheldon dorado y brillante).

No obstante, el personaje de Sheldon no es el único que se me ocurre. En la misma serie, el personaje más plano es sin duda el del protagonista inicial, Leonard Hofstadter, mientras que sus amigos Raj y Howard también han logrado ganarse al público con sus “rarezas” (Raj por su incapacidad para hablar con mujeres si no está borracho y Howard por la relación que mantiene con su madre). Por cierto, el personaje de la madre de Howard es muy secundario pero ha dado mucho juego a lo largo de las cinco temporadas… todo ello a pesar de que nunca ha aparecido en pantalla y solo conocemos su voz.

Lo que me recuerda precisamente al personaje de Maris Crane (la mujer de otro de mis personajes favoritos de comedia: Niles Crane, el maniático hermano de Frasier en la serie homónima), a la que nunca vemos (ni oímos) pero que está muy presente en la vida de los protagonistas. Niles es otro perfecto ejemplo de cómo la presencia de este personaje logra que la serie alcance una nueva dimensión y sea mucho más completa. De hecho, cuando Frasier era simplemente un personaje secundario de Cheers, nunca se había mencionado a su hermano, pero los guionistas consideraron imprescindible crear este personaje para que este spin-off fuera mucho mejor.

Un tercer ejemplo de actores secundarios que logran robar, al menos en parte, protagonismo a los personajes principales es Barney Stintson (de la serie Cómo conocí a vuestra madre). Este ligón compulsivo, ludópata e hipocondríaco, que siempre viste con traje, es un personaje mucho más completo y complejo que los otros cuatro, especialmente cuando se le compara con el ñoño Ted Mosby.

Entre las series españolas, sucede lo mismo con la serie 7 vidas. Uno de los mejores personajes es Paco, especialmente cuando se le compara con el empalagoso protagonista inicial de la serie (David, interpretado por Toni Cantó). Javier Cámara logra reunir en un único personaje numerosas “virtudes”: machista, inculto, futbolero empedernido (mis disculpas por adelantado a los que les guste el fútbol), torpe… y consigue que aun así se le coja mucho cariño.

 Nota: el título del post hace referencia al latiguillo que utiliza Sheldon Cooper para indicar que ha hecho un chiste. La expresión ha tenido tanto éxito que la productora Warner Bros. la ha registrado (trademark). En la versión en español se tradujo como “zas en toda la boca”.

 

 

Bazinga!

Let’s get serious. We are going to talk about comedy.

Maybe it’s just me, but I find it very easy to list drama TV shows that I love. However, I find it quite more complicated to mention comedies I got really hooked on. Don’t get me wrong, I have fun watching an episode of any of the endless Friends imitations that come out as time goes by, but that’s it. Most of them follow a very similar pattern and I often find myself knowing beforehand the joke they are going to make, so it loses the essential surprising element (and that’s probably the worst thing that can happen to a comedy).

When I think about my favorite comedies, I realize they all have something in common: strong secondary characters that due to their singularity (others would call it eccentricity) and to being played by actors with a wide experience manage to steal attention from the main characters and become an essential part of the plot. The first that comes to mind is Sheldon Cooper (played by Jim Parsons). Big Bang started as a low-budget TV show and it became so successful that even its authors were surprised. Nowadays it has been on for 6 seasons and we have to admit that the script writers were able to make changes and add characters to keep it interesting. No doubt, though, the TV show would absolutely fail without Sheldon. This genius of theoretical physics is a complete nerd regarding daily life: his inability to understand sarcasm, his total lack of empathy, his constant need of order and routine, and so on give rise to hilarious situations. It is not unusual that they mention the possibility that he’s insane (his answer is always: ‘I’m not insane, my mother had me tested’) or that he’s a creature coming from an outer world (in an episode, talking about the legendary C3PO robot from the Stars War series that Leftwing&Rightwing love so much, his friends describe the android as a shiny Sheldon).

Sheldon character is not the only one that comes to my mind. In the same TV show, the most flat character is certainly the original main character, Leonard Hofstadter, while his friends Raj and Howard have also won the audience for being “weird” (Raj because of his inability to talk to women unless he’s drunk and Howard because of his relationship with his mother). By the way, Howard’s mom is a very secondary character but she has played a big part during the previous five seasons… even she has never been on screen and we only know her voice.

This reminds me of Maris Crane. She’s the wife of another of my favorite comedy characters: Niles Crane, Frasier’s obsessive brother in the TV show with the same name. We never see her (nor hear her), but she’s a constant element in the main characters’ lives. Niles is another good example of how the presence of a character results in a much more comprehensive TV show and leads it to a new dimension.

A third example of how secondary actors steal attention, at least partially, from the main characters is Barney Stintson. This compulsive womanizer, gambler and hypochondriac who always wears a suit, is much more complete and complex than the other four characters, especially when compared to the dull Ted Mosby.

In Spanish TV shows, we find something similar in 7 vidas. One of the best characters is Paco, especially when compared to the original cloying main character in the TV show (David, played by Toni Cantó). Javier Cámara gathers in a single character a number of ‘virtues’: he’s sexist, uneducated, clumsy, and a helpless soccer fan (I apologize in advance to all those who like soccer)… but he manages to make the audience become very fond of him.

 Note: the title of this post refers to the catchphrase Sheldon Cooper uses to let everyone know he has made a joke. This phrase has become so popular that the production company Warner Bros. registered it as a trademark.

 

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Espías, políticos y otras alimañas [2]

[Encontrarás aquí la primera parte]

Por si acaso ya os habéis visto todas las series que mencionaba en mi anterior post y os habéis quedado con ganas de ver a más “malos malísimos” estupendos, aquí va la segunda entrega, esta vez sobre políticos corruptos.

En este terreno últimamente han aparecido algunas series que muestran sin ninguna conmiseración a personajes despiadados que explotan sin reparo alguno sus cargos políticos o sus contactos en las altas esferas. En este caso me vienen cuatro a la cabeza:

  • La primera es la inigualable The Wire. Su trama es tan completa y su retrato tan veraz, que la corrupción y los vicios del sistema forman parte intrínseca de sus cinco temporadas. Teniendo en cuenta que mi opinión de la serie coincide totalmente con la de Vargas Llosa, me voy a ahorrar entrar en más detalles sobre ella y os remito a su artículo.
  • En Boss, el actor Kelsey Grammer consigue que nos olvidemos por completo de Frasier, el personaje que le hizo mundialmente famoso, encarnando al despiadado alcalde de Chicago, Tom Kane.
  • Boardwalk Empire es otro buen ejemplo de cómo la corrupción política puede ser un elemento fundamental de una gran historia. En este caso la trama transcurre en los años 1920 en Atlantic City. El personaje de Nucky Thompson representa a la perfección la interrelación entre política e intereses privados y ayuda a comprender cómo la Ley Seca ayudó a la aparición de grandes grupos mafiosos en EE. UU.
  • Por último, una muy grata sorpresa de la oferta televisiva española: Crematorio. Sin duda, un fiel retrato de cómo la burbuja inmobiliaria y la corrupción política nos han llevado a donde estamos.

Por si acabáis saturados de tanta maldad, el próximo post de Serendipity hablará de comedias.

Por Serendipity

SPIES, POLITICIANS, AND SOME OTHER SCOUNDREL [2]

[Click here to read the first part]

Just in case you have already watched all the TV shows mentioned on my previous post and you feel like watching more fantastic villains, here you have the second part, this time about corrupt politicians.

In this field there are some recent TV shows that reveal with no commiseration heartless characters that use with no regrets their posts in politics or their contacts in the highest circles. This time four of them come to my mind:

  • The first one is the unrivaled The Wire. With such a complete plot and truthful portrayal, corruption and system’s vices are an integral part of the five seasons. Considering that my opinion about this TV show fully agrees with Vargas Llosa’s one, I won’t offer here more details about it and I’ll refer you to his article artículo (in Spanish).
  • In Boss, the actor Kelsey Grammer manages to make us forget about Frasier, the character that made him famous all over the world, by playing the role of Tom Kane, the merciless mayor of Chicago.  
  • Boardwalk Empire is another good example of how corruption in politics can be a crucial component of a great story. In this case the plot takes place in the 20’s in Atlantic City. Nucky Thompson character perfectly incarnates the interaction between politics and private interests and helps to understand how  the Dry Law contributed to the emergence of the main Mafia groups in United States.
  • Finally, a very pleasant surprise coming from the Spanish television: Crematorio. No doubt this is a faithful portrayal of how  overpriced real state and corruption in politics have led us to where we are nowadays.

Worried that you may be overwhelmed with all this evilness, Serendipity’s next post will talk about comedies.

By Serendipity

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Espías, políticos y otras alimañas [1]

Los años de la Guerra Fría fueron una época rica en obras de ficción que tenían como protagonistas  a espías que se esforzaban  por robar los secretos mejor guardados del enemigo. El primero que viene a la mente es James Bond, pero desde luego no es el único. Curiosamente, en los últimos años parece que vuelve a crecer el interés por el género de espías.

Entre las series de televisión hay tres que me han llamado especialmente la atención:

  • La primera es Rubicon, una estupenda serie que recuerda a películas como Los tres días del cóndor (protagonizada por Robert Redford), pero que no tuvo mucho éxito en Estados Unidos y no sobrevivió a la primera temporada.
  • La segunda es la británica The Hour, una nueva muestra de la calidad que siempre se esfuerza por conseguir la BBC. En este caso la acción transcurre en el Londres de 1956, mientras la tensión escala en Oriente Próximo con la nacionalización del Canal de Suez. Los protagonistas son los periodistas que preparan el estreno de un nuevo programa televisivo y que coincide con el aparente suicidio de la hija de uno de los miembros de la Cámara de los Lores.
  • Por último, Homeland ha sido uno de los grandes éxitos de esta temporada en Estados Unidos. Aunque inicialmente pueda parecer demasiado “americana”, la historia del sargento Brody (un marine que es rescatado tras pasar varios años en manos de Al-Qaeda en Afganistán) pronto se convierte en una ácida crítica a los métodos de la C.I.A. dentro y fuera del país.

Probablemente sea cosa mía, pero no puedo evitar relacionar espionaje y corrupción política.

En ambos casos, los que los practican se saltan las reglas a la torera y recurren a todo tipo de medios para obtener información y secretos (en el caso del espionaje) o pingües beneficios ilícitos (en el de la corrupción). Además, sus víctimas comparten la misma cara de tontos cuando averiguan que les han “timado”. En una próxima entrada del blog de Marujita recomendaré algunas series en las que los políticos corruptos juegan un papel importante.

Por Serendepity

SPIES, POLITICIANS, AND SOME OTHER SCOUNDRELS [1]

Cold War was a prolific time for fiction works whose main characters were spies struggling to steal the best kept secrets from their enemies. The first that comes to mind is James Bond, but obviously he is not the only one. Strangely, it seems that the past few years have seen a renewed interest in the spy fiction genre.

Among the TV shows I could point out three of them that particularly called my attention:

  • The first one is Rubicon, a wonderful TV show that brings memories of films such as Three Days of the Condor (starred by Robert Redford), unfortunately it was not a big success in USA and it didn’t last beyond the first season.
  • The second one is the British The Hour, a new evidence of the quality that BBC always tries to offer. This time the plot is set in London in 1956, while tension was building up in the Near East with the nationalization of the Suez Channel. The main characters are a group of journalists working on a TV premiere that happens at the same time that the alleged suicide committed by a Lord Chamber member’s daughter.  
  • Lastly, Homeland was one of the big success this season in the United States. Even if the plot may seem too American in the beginning (a marine being rescued after several years of kidnapping by Al-Qaeda in Afghanistan), Sergeant Brody’s story soon turns into a harsh critic of the methods used by the CIA in the country and abroad.    

It’s probably me, but I cannot help relating espionage to corruption in politics. In both scenarios, the actors break the rules without giving a damn and use every possible way to get information and secrets (in espionage) or huge illegal profits (in corruption). Furthermore, their victims share the same dumb face after finding out they have been cheated. My next post in Marujita’s blog will offer some hints about TV shows where corrupt politicians play an important role.

By Serendepity

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¿Nostalgia?

Para mí, el próximo estreno de la esperada quinta temporada de Mad Men supone más que un simple interés por seguir las peripecias de Don Draper. Lo que más me ha llamado la atención de esta serie, desde el principio, es su magnífico retrato de la sociedad estadounidense a comienzos de la década de los 60. Me crea una cierta sensación de vértigo pensar en lo rápido que ha evolucionado todo en cincuenta años y cómo damos por sentadas cosas que hace nada ni siquiera existían. Los avances tecnológicos (desde la aviación como medio de transporte habitual hasta la aparición de un televisor en cada salón o de aparatos como las fotocopiadoras en las oficinas), la lucha por los derechos civiles y de la mujer, la huella permanente de una Guerra Fría que parecía infinita (aunque solo hubiese existido desde hacía diez o quince años y aunque ya sea un recuerdo del pasado que los menores de veinte años ni siquiera hayan vivido), la presencia inamovible de la publicidad…

Mad Men ha sido una de las de más éxito, pero en los últimos años han aparecido bastantes series ambientadas en distintos momentos del siglo XX. Algunas de ellas son de una gran calidad y poco o nada tienen que envidiar al cine. Entre mis favoritas están Downton Abbey, The Hour (estas dos son británicas), Boardwalk Empire, Band of Brothers (Hermanos de sangre), Pacific… Cabe preguntarse si este tipo de ficciones triunfan por esa nostalgia que embellece el pasado cuando el presente se oscurece, por un simple interés por la historia más reciente, por unos hilos argumentales muy potentes que habrían enganchado al telespectador aunque hubiesen elegido otro escenario o por algo tan arbitrario como un gusto por lo “retro”. Eso sí, como siempre sucede, la industria hollywoodense tiende a emborracharse de éxito y acaba agotando rápidamente el filón. Pan Am o The Playboy Club son buenos ejemplos de ello.

En España también se ha producido un fenómeno similar, aunque probablemente por motivos distintos (no hay que olvidar que es TVE la que produce la mayoría de ellas) y destinado a un público diferente. La Guerra Civil parecía haber centrado la mayor parte del interés del cine español por la historia propia del siglo XX, pero en los últimos años han aparecido series como La señora (ambientada en los años 20), Amar en tiempos revueltos (ambientada en 1955-56) o Cuéntame cómo pasó (a partir de 1968) que han ido diseccionando el siglo pasado.

Después del “año sabático” que se tomaron, esperemos que los protagonistas de Mad Men vengan con las pilas bien cargadas.

Por Serendipity

NOSTALGIA?

 To me, the coming Mad Men 5th season premiere means more than mere interest in Don Draper’s adventures. Since the very beginning, this show specially drew my attention with its outstanding portrayal of American society in the early 60’s. Thinking about how fast everything has evolved in fifty years and how we give for granted things that didn’t exist a short while ago makes me somehow dizzy. Technological developments (ranging from aviation as an everyday mean of transportation to the appearance of a TV set in every single living room or devices such as photocopiers in any office), the fight for civil rights and women’s rights, the indelible footprint left by an apparently endless Cold War (even though it had been on for only ten or fifteen years and even if it is now a memory from the past that youngsters under 20 years never lived), the constant presence of advertising…

 Mad Men is among the ones that reached the biggest success, but during the past years quite a few shows set at different times of the 20th century have gone live. Some of them have a great quality and nothing to envy to a movie. Among my favorites I could mention Downton Abbey, The Hour (both British), Boardwalk Empire, Band of Brothers, Pacific… It is worth asking if this kind of shows reach success thanks to that nostalgia that beautifies the past when present times get dark, to simple interest in our recent history, to very strong  plots that would have hooked the audience even if they had a different setting or thanks to something as random as a liking for retro style. Then, of course, as it always happens, Hollywood industry tends to get lost in success and quickly uses up the gold mine. Pan Am or The Playboy Club are good examples of this.

In Spain something similar has happened, though the reasons behind are quite different (we cannot ignore the fact that the Spanish Public Television produces most of these TV shows) and they are addressed also to a different audience. Apparently Spanish movie makers had focused on the Spanish Civil War as their point of interest within the broader scope of the 20th century. However, TV shows like La señora (set in the 20’s), Amar en tiempos revueltos (set in 1955-56) or Cuéntame cómo pasó (from 1968 on) have been on in the recent years dissecting the last century.

 After the sabbatical leave taken, let’s hope the main characters in Mad Med come back full of energy.

By Serendipity

 

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